El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, movido por una iniciativa de la Casa Blanca que ha sido dada en llamar el “acuerdo del siglo”, hace caso omiso de los reclamos palestinos y estudia avanzar cuanto antes en la anexión de grandes extensiones de Cisjordania, incluyendo las colonias que posee en esos territorios.

Esta iniciativa se dio en el marco del plan de paz para Medio Oriente del presidente estadounidense, Donald Trump, el cual recibió apoyo de Israel, que parece dirigirse a un choque con la comunidad internacional ante la posibilidad de que se anexione, antes de que el plan se aplique, las colonias que durante 50 años ha construido en los territorios palestinos de Cisjordania.

El anuncio de Netanyahu y del plan de Trump llegaron justo en momentos en que la fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) espera la aprobación del tribunal de La Haya para lanzar una investigación por crímenes de guerra por la colonización israelí de Palestina, considerada ilegal por la mayoría de los países, incluida Argentina.

La confluencia de estos factores podría hacer que 2020 sea el año en el que comience a quedar un poco más claro el estatus de las colonias israelíes y la viabilidad de la complicada meta palestina de crear su propio Estado junto a Israel, la fórmula para la resolución del conflicto que respalda el grueso de la comunidad internacional.

“La Historia toca a nuestra puerta”, dijo el ministro de Defensa israelí, Neftali Bennett, que apoya el movimiento de los colonos y urgió a Netanyahu a anexionar de inmediato todos los asentamientos y a rechazar un Estado palestino independiente. “Ahora la campaña se traslada de la Casa Blanca al gabinete en Jerusalén. Tomen todo ahora”, agregó, citado por la BBC.

Los palestinos quieren que Cisjordania sea el corazón de su futuro Estado soberano y ven a las colonias como un obstáculo. Si bien la comunidad internacional apoya esa visión y condena las colonias, no aplicó ningún tipo de sanciones a Israel.

Esto empezó a cambiar cuando asumió Trump, en 2017. Rodeado de asesores vinculados al movimiento de los colonos, el republicano adoptó una postura más favorable a Israel y reconoció a Jerusalén como su capital, provocando el rechazo de Palestina y creando una situación complicada en la que Estados Unidos y Palestina no retomaron contacto.

El giro de la Casa Blanca también llevó a un aumento de aprobación de planes de expansión de los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén este, que Israel capturó en una guerra contra países árabes en 1967. Dejando a los palestinos de lado, quienes consideran a Jerusalén como la capital de su Estado a pesar de que Israel la anexionó a partir de 1980. (Télam)